martes, 3 de febrero de 2026

CLARA CAMPOAMOR: UNA AUTÉNTICA FEMINISTA DESPRECIADA Y DESTRUIDA POR LOS MISMOS QUE HOY LA ENSALZAN

 



En estos tiempos que corren, con el falso feminismo, que es el que ha imperado desde hace mucho y el oficial, en claro declive –afortunadamente-, conviene recordar parte de su historia para entender muchas cosas. Que Judas al menos se suicidó despues de vender a su maestro, pero los que traicionaron y dejaron caer a la protagonista de este artículo, no tan sobrados de dignidad y vergüenza como el iscariote, que ya de por sí parece ser que no es que tuviera demasiada, encima han pretendido después hacer suya y enorgullecerse como si fuera propia su gesta, esa misma por la cual pidieron -y obtuvieron- su cabeza.

Repasando, la buena de Clara, diputada por el Partido Republicano Liberal durante la  Segunda República, se había empeñado en eso del sufragio femenino. Que a oídos de la izquierda se suponía debía sonar bien, pero que fue por los “güitos”, como diría un viejo amigo, pues, en cambio, el rojerío español en bloque, incluida la inefable Victoria Kent (la otra feminista presente en el Parlamento, en su caso por el PSOE, que por aquel entonces aún estaba lejos de abandonar el marxismo y cuyo gran líder, Largo Caballero, se llenaba la boca proclamando que había que convertir España en una dictadura socialista y, no sólo apoyó, sino que fue uno de los principales promotores de la insurrección armada en Asturias de 1934. Buena gente. Éstos eran los mismos que luego se convirtirían repentinaente y por iluminación en defensores devotos de la democracia y tildarían de vergonzoso lo de levantarse en armas contra la República cuando fueron los otros los que lo hicieron), pretendieron convencerla de que dejase la cosa para mejor ocasión, pues, al parecer, el voto de las señoras podría favorecer a la derecha, a lo cual ella, en un alarde de dignidad, tomó su lugar en la historia respondiéndole que si las mujeres debían ser libres, tenía que ser con todas las consecuencias. Sólo cuándo y para lo que interesase, no podía ser.

Y se salió con la suya. Le cosa fue sometida a votación parlamentaria el 1 de octubre de 1931, saliendo adelante con los votos del Partido Radical, una pequeña parte del PSOE, diputados republicanos sueltos, la propia Clara Campoamor y… ¡¡SORPRESA!!, ¡Derecha Católica!, mientras que la mayor proporción del PSOE, Izquierda Republicana, el Partido-Radical Socialista, buena parte del republicanismo progresista y Victoria Kent votaron en contra. Es decir, como se anunciaba en el título, la masa del rojerío nacional. Y resultó que, tras eso, en 1933, la derecha ganó las elecciones, con lo cual la zurda nacional cargó en masa contra ella, acusándola desde sus medios de haber sido la responsable por causa de su empeño, siendo abandonada por su propio partido (no por ser éste también de los que se inclina hacia el lado del grifo del agua caliente, sino por dejarlo en evidencia rompiendo la disciplina interna) y acabando en el exilio al no contar con respaldo de nadie al inicio de la guerra. Esos mismos partidos, o sus herederos, que no le perdonaron aquello, que la atacaron y la dejaron caer, son los que hoy se llenan la boca pronunciando su nombre, le dedican calles y proclaman como propio su legado. ¿A que molan?

Yo, que soy de derechas (la real. Neoliberaliso económico. Nada que ver con VOX ni casi con el PP tampoco a estas alturas ya) y opositor absoluto de marxismos y giliprogresismos, sí le dedico este homenaje sincero. A alguien de una ideología que -eso no te lo cuentan- no era de izquierda –como inducen a creer-, sino lo que entonces se llamaba liberal-progresista –algo así como un centro derecha republicano-, y que trajo a España por primera vez el derecho de ellas a votar, no gracias al apoyo de la izquierda, sino al de la derecha y el centro derecha –eso tampoco te lo cuentan-.

“Tenéis el derecho que os ha dado la Ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural de impedir que la mujer vote”. Clara Campoamor 1888- 1972.