Se
está hablando mucho estos días acerca de la supuesta dejadez de funciones por
parte del presidente, al cual la crisis de Ceuta “sorprendió” en sus
vacaciones. La ceguera del vulgo es algo que nunca deja de sorprender.
Parémonos a usar eso que tenemos debajo del pelo, (que haga un ejercicio de
imaginación el que no lo conserve). El 14 de marzo de 2022, Pedro Sánchez
sorprendió a propios y extraños reconociendo la soberanía marroquí sobre el
Sáhara, cambiando la que había sido la postura del gobierno español, muy
especialmente de la izquierda patria hasta el momento, así como traicionando la
de la comunidad internacional, sin dar explicación alguna sobre el motivo, ni
siquiera a su socio de gobierno, todo ello envuelto en sospechas acerca de
escuchas telefónicas que, supuestamente, habrían conseguido ilícitamente los
norteafricanos y comprometían gravemente al de la Moncloa. 4 años más tarde, el
16 de marzo de 2026, Michael Rubin, exasesor y
alto cargo del Pentágono, así como investigador del influyente think ta American Enterprise Institute (AEI),
recomendó al gobierno de Rabat lanzar una segunda marcha verde para ocupar
Ceuta y Melilla. Pocos meses después, en julio, acontecía el asalto a la valla
de la primera de estas ciudades por parte de decenas de miles de inmigrantes. ¿A
nadie se le ha ocurrido la conexión? ¿De verdad pensamos que puede deberse a
una simple coincidencia? Por favor…
Sánchez
(esto es una teoría mía, pues pruebas, evidentemente, no tengo, pero deriva del
seguimiento de la pura lógica), no estaba simplemente de veraneo. La cosa va
mucho más allá. Se quitó de en medio. Los moros –y empleo el término sin ánimo
peyorativo- repitieron la jugada histórica que tan bien le salió hace cincuenta
años. Entonces esperaron a que el Jefe del Estado (uno real, no un monigote
como el actual, que ni pincha ni corta, pues el título de Generalísimo de los
Ejércitos es meramente honorífico y no
tiene prerrogativas reales) estuviera en su lecho de muerte y, por tanto,
inoperativo, y ahora han esperado, primero, a que el actual gobernante
estuviera en la misma condición, en esta ocasión por haberlo reducido a un mero
títere en sus manos, y en segundo lugar, a tener el beneplácito de Whasington. El
guapo estaba avisado de lo que venía, así como aleccionado de que no debía
hacer nada para impedirlo, y se hizo coincidir el Día D con su aparcamiento
temporal por estío para que no fuera tal palmaria la cosa. Y aunque esta nueva
marcha ha resultado fallida, este último propósito sí se ha logrado. Ahí tenéis
al clamor popular, acusándole de haber estado mirándose el ombligo sin hacer
nada, cuando realmente sí ha hecho, y mucho, pero no precisamente para detener el
asalto, sino para todo lo contrario.
La
integridad nacional no está en peligro; está en alerta roja. Defcon 2, diría. A Marruecos, como ya se
explicó en su día, se le acaba el tiempo. Las encuestas dicen claramente que su
peón tiene los días contados en la Moncloa. Es ahora o nunca para ellos. No
volverán a tener una oportunidad como ésta. Ni siquiera con otro gobierno de
izquierdas en el cual no sea él el líder. Ni contar uno de derechas, bien de
Feijoo en solitario, mucho menos en coalición con Abascal. Tiene que echar el
resto, ir con todo en los meses que le quedan de ventaja, la de contar con un
aliado sumiso a causa de su coacción en la presidencia de España.
Finalmente,
hay que decir que esta segunda Marcha Verde, a estas alturas, parece haber resultado
fallida, lo cual, por lógica, debería pasar cara factura al guapo, pero no lo
esperéis tampoco. Es decir, se la pasará y lo será en términos electorales,
pero no es previsible que ocurra lo mismo en los legales y judiciales. ¿Por
qué? Todo esto que cuento, igual que a mí, se le habrá ocurrido a más gente,
sobre todo de por ahí arriba. La oposición, algunos que hoy son aliados
políticos (pero en la forma en que pueda serlo una víbora, capaz de revolverse
y morderte en cualquier momento)… El CESID en particular, debe tener sus
sospechas y certezas en cuanto al asunto. Pero, al fin y al cabo, él también es
un instrumento bajo el poder del gobierno. Da igual que cambie éste, pues la
subordinación es a la institución, no al partido que lo asuma, que varía con el
tiempo. Siempre vemos a los opositores acusando a los gobernantes de
corrupción, y probablemente sea cierto en muchos casos, pero luego, cuando
ellos mismos ganan las elecciones y llegan al poder, teniendo acceso a actas y
demás, en las cuales tendrían las pruebas necesarias para acusar y condenar… ¡oh,
vaya, vaya! ¡Aquí no hay playa! Conocéis a algún nuevo gobernante que haya
revelado los chanchullos que ocultaban los documentos de estado, la
contabilidad de su predecesor, etc… ¿No? Yo tampoco. ¿Sabéis por qué? Porque
aquí nadie chafa la guitarra. El que entra sabe que algún día saldrá y volverá
a entrar el otro. Si hoy revela él sus trapos sucios, mañana será ´éste el que
se la devuelva pagándole con la misma manera. Pacto entre “caballeros” (de
alguna forma hay que llamarlo). Tú no me pisas a mí, y yo no te piso a ti. Da
igual el que entre. Todos lo van a respetar igualmente.

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