Hace
días que quería escribir un artículo sobre este tema, que seguro molestará a
muchos de los lectores que, teniendo un pensamiento de derechas como yo,
pasen la vista por sus líneas. La cuestión, como casi todo, debe abordarse con
actitud crítica y objetiva en la medida de lo posible, ausente de
apasionamientos. Haciéndolo así, se llega infaliblemente a la respuesta de que sí, los restos de Franco deberían salir de
allí. Y ello con base en dos fundamentos, ambos igualmente válidos y
comprensibles para cualquier derechista que, aun siéndolo, opine desde la razón
y la intelectualidad, y no el prejuicio o la pasión.
El
primer argumento sería el de la justicia. No soy antifranquista. Lo siento,
pero uno se cansa de hacer el primo. De ir por la vida con espíritu de justa
autocrítica, reconociendo los crímenes y atrocidades cometidos por los regímenes
de ultraderecha (mal llamados así, habría que decir, pues en realidad los
fascismos tenían tanto de ésta como de extrema izquierda. Otro día hablaremos
de ello), paraque luego, cuando les
tocaría hacer lo propio a los izquierdistas y uno esperaría que, en
correspondencia, lo hicieran, te salgan con la canción de las luces y las sombras
del coleta, la Bescansa y compañia, e incluso dedicando sentidos homenajes y
despedidas a represores y asesinos como Fidel Castro. Cansa. Si el viejo chivo
tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, entonces el tío Paco también, que los
represaliados y muertos por las dictaduras de izquierdas no eran menos dignos
que los de las de derechas, y además fueron muchísimos más. Así a bote pronto,
uno calcula que no debieron pasar de diez o doce millones incluyendo el
Holocausto –lo cual ya es una atrocidad-las víctimas de la diestra, por los más de cien millones reconocidos de
la siniestra.
Mi
abuelo fue ejecutado por los rojos. No fue un político, ni un soldado, ni un
pensador influyente… tan sólo un trabajador con ideas derechistas que tuvo la
mala fortuna de vivir en la zona bajo dominio del bando equivocado. Tan sólo por
eso, una noche fueron a buscarlo los partisanos para darle el “paseíllo”,
acabando con su andadura por este mundo de un tiro en la nuca (supongo que fue
ahí donde se lo dieron, mi padre nunca aclaró ese detalle ni a mí se me ocurrió
preguntarle). Era una persona humilde, que se ganaba la vida con un pequeño
negocio de confección de redes de pesca en Santa Pola, con el cual alimentaba a
una familia de seis miembros: él, mi abuela y sus seis hijos, el menor de los
cuales acabó pereciendo también a consecuencia del estado de necesidad y
desamparo en que quedaron. Todo ello porque a los del supuesto bando de los
buenos, no les gustaba la forma de pensar del padre de mi padre. Tan sólo por
eso.
Yo
no soportaría la idea de ver enterrado a mi abuelo en un eventual monumento con
el que se homenajeara a Carrillo o la repugnante Pasionaria. Sería capaz de
hacerlo saltar por los aires con una bomba. Es de suponer que los familiares de
los caídos por la República (por Stalin más bien, pero OK, dejaremos eso
también para otro día), que además no todos ellos fueron criminales ni malas
personas, obviamente, y fueron enterrados allí sin el permiso de aquéllas,
piensen de una forma similar. Podría decirme alguien que el Valle de los Caídos
fue erigido en conmemoración de todas las víctimas de la Guerra Civil, pero,
precisamente, para que ello sea cierto, no puede ensalzarse en él la tumba y
figura del líder de una de las facciones, o bien habría que colocar al lado de
la del Generalísimo y con los mismos honores y protagonismo, la del asesino de
Paracuellos o algún otro dirigente rojo de similar relevancia. Algo que a mí
también me asquearía a nivel personal, es evidente. Así que, para conciliar y
respetar la memoria de todos los allí enterrados, no queda más remedio que
sacar los restos de Franco para darles más adecuada sepultura en otro lugar.
Por
otro lado, está también el argumento del pragmatismo. Seamos realistas: esos
huesos van a salir de allí antes o después. Es sólo cuestión de tiempo, las
rabietas y pataletas de mucha gente de derechas no lo va a evitar. Tarde o
temprano, la izquierda volverá a gobernar en España, y entonces, con todos los
resortes de nuevo en su mano (Administración, Cortes, TS… ¿Alguien seguía
creyendo en la separación de poderes en España? ¡Despierten! Ya sentenció
Alfonso Guerra hace camino de cuarenta años: “Montesquieu ha muerto”), dictará
la orden. Sino lo hace en la primera
legislatura en que retome el cetro, será en la segunda y sino en la tercera. Su
electorado se lo exige, y para seguir contando con éste, no tendrán más remedio
que concedérselo, máxime cuando hoy se muestran tan batalladores y reivindicativos
con en el gobierno del PP en lo que a este tema se refiere. ¿Por qué pues darle
a la izquierda la satisfacciónsacar de
allí esos restos en contra de nuestra oposición, dándonos en las narices y
regodeándose en las redes sociales? ¿No sería más práctico hacerlo ahora por
propia voluntad, para trasladarlos con dignidad y los honores que quieran
dárseles al sitio que elija la familia?
Lo
de Primo de Rivera es otro cantar. José Antonio sí fue una víctima más de la
guerra. El debate, en su caso, debería gravitar en torno a la cuestión de su
ubicación dentro del monumento, no a la pertinencia de la presencia de sus restos
en éste.
Ahora
triunfa la moda giliprogre que ensalza la lengua de los naturales de la pérfida
Albión. Vemos muchos spots terminados
con una cada vez más frecuente coletilla en inglés, absurda y sin venir a
cuento, tan sólo porque parece que así mola más y queda más fardona la cosa (“my water, my life”, “conecting people”, “Mazda,
drive together”…¡toma yaaa!), o incluso enteramente hablados en ese idioma,
aunque anuncien un perfume de una diseñadora de un país castellano-parlante
(Carolina Herrera); pedimos que nuestros niños salgan del instituto hablándolo
correctamente y nos indignamos porque nuestros políticos no lo hacen, ni
digamos ya del relaxing cup of café
con leche de la Botella; muy convencidos todos de que para ser alguien hoy en
día hay que dominar la lengua de Shakespeare y de que no podremos competir como
país hasta que nuestra población no lo haga normalmente, como hace la alemana,
la italiana, la noruega…
Vamos
a ver, retrasados mentales: ¿alguien ha visto alguna vez a un político francés
hablando en inglés? Ni se les pasa por la cabeza. Al que se le ocurriera
hacerlo, cavaría su tumba política. Y su población es la que tiene el nivel más
bajo de pitinglish en la Europa Occidental (sí, sí. Más incluso que nosotros).
Allí la gente se niega por sistema a hablarlo en defensa de su propio idioma,
concienciados de que éste y aquel son y han sido desde hace mucho rivales -por
favor, que no me salga nadie con aquello de “¿ah,
sí? Pues yo estuve de vacaciones en Francia y nos atendieron en perfecto inglés”.
Claro. Y aquí también lo harán. Los establecimientos y negocios orientados al
turismo o que tratan habitualmente con extranjeros, procuran tener trabajadores
que dominen el inglés para atender a sus clientes-. Y sin embargo, Francia es
la sexta potencia económica mundial. No parece pues que haya incompatibilidad
entre ello y el desconocimiento del inglés.
Los
hispanoparlantes son países emergentes. México es ya la decimoquinta potencia
económica mundial y no tardará en adelantar a España misma, que con Rajoy
parece haberse estabilizado en la decimosegunda posición (con Aznar llegamos a
ser la octava). Argentina tardará algo más, pero también está llamada a ocupar
uno de los puestos privilegiados. La comunidad hispanoamericana en general, es
riquísima en recursos naturales y humanos, y ello se traducirá a lo largo del
presente siglo en una escalada en el ranking.
El mercado hispano-parlante está llamado a ser uno de los más potentes del
mundo, más que el anglosajón, y el que quiera actuar en él tendrá que hablar
castellano. Es decir, salvo que antes los hispanos hayan aprendido a hablar inglés, pues siendo así y pudiendo manejarse
en esta lengua, que ya dominan casi todos los actores internacionales (hablamos
de mercado, no de cine), ¿para qué iba nadie a molestarse en aprender a hablar
un lengua tan complicada como el español (la de los británicos es mucho más
sencillo), cuando puede comunicarse en esta última, como hacen ya en sus
relaciones con alemanes, italianos, noruegos…?
En
Francia fue motivo de polémica la elección del cantante Sébastien Tellier con
tema en inglés para actuar en nombre de Francia en Eurovisión, hasta el punto
de llegar el diputado conservador François-Michel Gonnot a pedir explicaciones
a la ministra de Cultura al respecto, afirmando que tal designación “conmociona a muchos ciudadanos que no entienden por qué
Francia abandona la defensa de su idioma ante cientos de miles de
espectadores”. Admiro y envidio a los galos por su compromiso de defensa con su
idioma. Aquí nadie pide cuentas por estas cosas. Los españoles deberíamos
aprender de ellos, negándonos a aprender inglés por sistema y, desde
luego, exigir que nuestros políticos no lo hablen y en sus relaciones
internacionales hagan valer el idioma de Cervantes. Igualmente, impedir que
ningún cantamañanas como este Manel Navarro represente a nuestro país cantando
en el de los guiris, afecte ello a la letra de la canción entera, como el año
pasado, o sólo en parte, como éste . Quien necesite hablarlo o prevea que lo
vaya a necesitar lo aprenda (de hecho, es uno de los que yo mismohablo), pero no podemos permitir que sea la
tónica dominante en nuestra población su conocimiento.
Muy bueno y fino el vídeo de Zooropína. Muy bien
traída la letra. Esta chica tiene talento. No es el tipo de cosas que suelo
publicar en mi blog, pero la entendí que la excepción valía la pena.
La
polémica está ahí otra vez, reavivada en esta ocasión por la
propuesta de Ganemos Jerez, apoyada por PSOE e IU, presentada
con el objetivo de solicitar a la empresa Dorna Sport en orden a que "en
todas las pruebas que organiza en la localidad, elimine las prácticas en las
que se utiliza el cuerpo de la mujer como adorno y reclamo", a fin de
combatir lo que ellos entienden como cosificación de ésta. ¿Realmente es así? La cuestión requiere de un análisis crítico y
racional, enteramente ausente de prejuicios y apasionamientos. Es decir, justo
lo contrario de lo que pueden ofrecer los sectores feministas o incluso las
últimas reminiscencias del machismo que, por increíble que parezca, todavía
subsisten a las puertas de la Era Espacial (por favor, que no me salga nadie con
la cantinela aquella de que feminismo no es lo contrario de machismo, sino la
defensa de la igualdad entre sexos, que la letra me la conozco bien y resulta
encomiable en su anhelo literal, pero al cantarla sus autoras desafinan. Otro
día dedicaremos un artículo a este asunto en concreto). No resulta tan sencillo
ello como pudiera parecer. Vivimos un momento en el cual la corrección política
es la vara con que se mide a nuestros políticos, y una salida del guión
establecido puede suponer el fin de la carrera del responsable o la pérdida de
muchos miles de votos. El electorado feminista supone un importante número de
éstos. Los partidos de izquierda le bailan el agua –al igual que la derecha
hace lo propio y por idéntico motivo al católico- y sus rivales a la diestra no
se atreven a contrariar muchos de sus postulados, por absurdos que resulten a
veces, por miedo a ser tachados de machistas, detractores de la libertad de la
mujer, etc. En fin, vayamos a lo que nos ocupa.
Los
sexos, hombre y mujer, no son iguales, por más que así intenten vendérnoslo a
menudo. Esa es una verdad que las propias feministas reconocen, pero tan sólo
nominalmente o en cuanto les interesa. Uno de los aspectos en el cual la
ignoran sistemáticamente, es el de la sensualidad y el erotismo. En la gran
mayoría de especies del reino animal, incluidos los mamíferos y, concretamente,
nuestro Orden, los primates, el poder de atracción sexual de la hembra resulta
muy superior al del macho. Sólo hay que echar un vistazo a lo que ocurre cuando
una gata o perra se encuentra en celo. Sus congéneres del otro sexo se vuelven
locos y entran en un estado de frenesí en el cual llegan a perder toda
prudencia y no prestan atención a otra cosa. No existe una reacción equivalente
en ellas, que jamás sienten una atracción tan pasional, inmediata e
irresistible.
En
ello hay que buscar la base de este asunto que hoy nos ocupa. No se trata de
una construcción de género, como pretenden vender los feminismos, sino de una
pauta de comportamiento sexual totalmente natural. La naturaleza, que suele ser
sabia, decidió dividir los poderes como en su momento hiciera el conde de
Montesquieu, otorgando al macho el de la potencia física y la hembra el del
celo. Por ello, lasmarcas de los
varones son superiores a las mujeres en casi cualquier disciplina deportiva
–salvo aquellas que no impliquen una competición decisiva de fuerza,
resistencia, etc-, mientras que ellas destacan muy por encima de ellos en
aquellas actividades que tienen que ver con la sensualidad, la belleza y el
erotismo (modelaje, iconografía erótica en general…). Alguien me diría,
llegados a este punto, seguro, que también las mujeres sienten atracción sexual
(“¿qué me dices del fenómeno fans, mucho más poderoso entre ellas que entre
ellos?”) y que también hay modelos y guaperas entre ellos. Claro. Igual que
también hay mujeres extraordinariamente fuertes, grandes… En cuanto a lo
segundo (sex-symbols masculinos), haberlos haylos, por supuesto, pero sólo hay
que fijarse en su número e influencia en la cultura y mentalidad colectiva para
responder a esta cuestión. Claudia Schiffer, Cindy Crowford, Naomi Campbell,
Gisele Bundchen, Heidi Klum, Adriana Lima… ¿Cuántos nombres de modelos varones
se han instalado en la mentalidad colectiva occidental como esos? Si bien no
exactamente lo mismo, algo parecido podemos decir de los actores. Marilyn, Ava
Gardner, Rita Hayrwort, Brigitte Bardott, Rachel Welch, Grace Kelly, Liz
Taylor… Bo Derek, Kim Basinger, Julia Roberts, Brooke Shields, Sharon Stone… Angelina
Jolie, Scarlett Johanson, Hale Berry, Penélope Cruz, Charlize Theron… Sabrina,
Marta Sánchez, Samantha Fox, Beyonce, Rihanna, Jennifer López… También hay
nombres masculinos junto a esos (Clark Gable, Paul Newman, Robert Redford… Brad
Pitt, George Clooney…), pero podríamos citar, a bote pronto y sin esforzarnos,
al menos cuatro o cinco de féminas por cada varón, con mucha más repercusión
socio-cultural y permanencia en el tiempo además.
Y
aquí llegamos adonde íbamos. Las feministas se quejan, entre otras cosas, de
que en las competiciones se contratan azafatas para ser exhibidas y no azafatos
(hasta el nombre suena ridículo), entendiendo que ello supone ofensa para las
mujeres y una discriminación. En cuando a esto segundo, nada más lejos de la
realidad. Si entendemos que estas chicas son contratadas por el reclamo que
ejercen en el público masculino, que es el que mayoritariamente sigue este tipo
de deportes en que, por lo general, se recurre a ellas (motor, ciclismo…), y
teniendo en cuenta lo explicado en los párrafos anteriores, es claro que ellos
no resultan tan útiles al fin pretendido. No hay discriminación cuando se
recurre a personas de un sexo porque las del contrario no resultan ideales para
ello.Es lo mismo que cuando se prefiere
hombres a mujeres para realizar trabajos que requieren fuerza y resistencia
física (cargador de muebles para mudanzas, albañil…). De hecho y analizada
adecuadamente la cosa, son las feministas las que están discriminando a las
mujeres, pues condenan la realización por parte de éstas de tareas para las
cuales están mejor dotadas que los hombres, mientras que nadie protesta cuando son
los varones hacen lo propio con aquellas otras en las cuales resultan
superiores.
No
hay trato desigual no justificado pues. El empresario tan sólo contrata a
quien, por sus características, mejor puede cumplir la función en cuestión. En
cuanto a lo ofensivo del asunto, muchas de estas mismas chicas han elevado su
voz para hacer saber que no se sienten ofendidas y atacar estas iniciativas por
considerar que vienen a quitarles su trabajo. Las/os feministas se defienden
argumentando que les ocurre lo mismo que a las mujeres musulmanas que
interiorizan y asumen como correcta la imposición de uso del burka o el hiyab.
Ellas también han interiorizado las imposiciones del hetereopatriarcado sin
darse cuenta. Por supuesto. Lo que sea menos admitir que también ellas/os
pueden estar equivocados. Quien no es feminista, con todo lo que ello implica
(ideología izquierdista, defensa del aborto libre, antagonismo clerical…), es
porque, consciente o inconscientemente, es machista y sigue los dictados de
aquél. Esa es la forma de pensar de esta gente tan “defensora” de la democracia
y la libertad de pensamiento y expresión. Quizá lo que deberían hacer las
feministas es predicar más con el ejemplo. Aceptar que su opinión es tan sólo
una más de las que admite una democracia, y que pueden existir otras diferentes
dentro de ésta que sean tan válidas y respetuosas con ella como las suyas; así
como que hay mujeres que opinan de manera diferente a ellas y no por ello tienen
que estar sometidas al lavado de cerebro del hetereopatriarcado (vaya tela el
palabro)
Dicho
esto no obstante, hay que afirmar también que cierto significado asociado a la
función de estas chicas, sí podría entenderse ofensivo hoy día. En efecto, estas
celebraciones de victoria con chicas guapísimas (varias, porque además son
mínimo dos, una para cada brazo, como Dios manda) besando y abrazando al machote
ganador, son herencia directa de los homenajes dispensados a los gladiadores,
generales, etc vencedores en la Antigüedad, a los cuales se recompensaba con
las más bellas vírgenes, esclavas del harén imperial, etc, al más puro estilo
del spot del perfume Invictus de Paco Rabanne. Eso sí resulta cosificador y
ofensivo. Las mujeres no pueden seguir considerándose “trofeos” para el ganador
hoy en día. No hay discriminación en contratar hermosas azafatas para que
amenicen el evento con su belleza y sensualidad, igual que no la hay en
contratar fornidos mozos para realizar el traslado de muebles en una mudanza.
Ahí no hay ofensa, tan sólo aprovechamiento de ciertas características
inherentes a un determinado sexo, más desarrolladas en algunos individuos
dentro de éste que en otros. Las muchachas pueden dar la salida de la carrera,
pasar los carteles, etc sin problema, pero, quizá, la celebración del vencedor
con entrega de flores entre besos y abrazos de ellas sí está fuera de lugar. El
premio al Aquiles de hoy no puede seguir siendo la bella
Briseida.
Por
otro lado, también hay que darle la razón a las feministas al hacerse eco de la
reclamación de una de estas chavalas, que se quejaba por el hecho de haber sido
obligadas a trabajar con minifalda y en ropa de verano en un ambiente gélido,
con súbita e imprevista caída de las temperaturas. Lo que no es de recibo, no
es de recibo. El trabajo debe realizarse en unas condiciones dignas y
respetuosas con los derechos de los trabajadores, a los cuales no se les puede
exigir exponer su salud si expresamente no venía establecido en el contrato que
esa era una de sus funciones (como ocurre con los probadores de medicinas
experimentales, por ejemplo).
Antes
de cerrar el artículo, haré una referencia a la periodista Elisa Beni, a la
cual escuché argumentar el otro día en un programa de televisión, al hilo del
asunto que nos ocupa, que la libertad del individuo, garantizada
constitucionalmente, no puede amparar estas cosas, igual que no ampara las
violaciones, injurias, etc. Sinceramente, creo que he escuchado a poca gente
decir tantas tonterías como a esta mujer. Así, a bote pronto, ni siquiera la
fenecida Mª Antonia Iglesia recuerdo que firmara tantos disparates y absurdos.
A ver, Elisa, alma de cántaro, claro que la
libertad debe tener ciertos límites. En concreto, los bienes jurídicos de los
demás, protegidos por nuestro ordenamiento. Siempre que no entre en conflicto
con esto, cada cual puede hacer con su cuerpo lo que quiera, sin que nadie pueda
prohibírselo por sentir subjetivamente ofendidas sus convicciones ideológicas.
Los límites impuestos legalmente actúan para proteger ofensas objetivas, no
para salvaguardar la fina piel de las feministas. Al final es lo de siempre: la
izquierda es defensora de la libertad, sí, pero ojo, libertad para hacer lo que
a la izquierda le guste o no le moleste. Sólo para eso. Si no es así,
comenzamos a pasar de Trotsky a Stalin.
Recientemente he tenido oportunidad de leer una entrevista realizada en julio de 2015 a la cantante Lou Doillon. En ella, la hija del cineasta Jacques Doillon y la actriz y cantante Jane Birkin, que hace del feminismo su bandera, vierte una serie de afirmaciones que vienen a revelar la idea que realmente anida en la mente de estas mujeres, y que queda bastante alejada de la defensa de la igualdad entre sexos que pretenden vender como su causa.
En concreto, dos son las que resultan tan cristalinas y transparentes como el agua de un limpio arroyo en la montaña:
"Tengo derecho a criar a mi hijo sola si me da la gana". No, no lo tienes. Lo tendrás si su padre te lo otorga. Si no es así, él tiene tanto derecho como tú sobre él y obligarte a criarlo conjuntamente con él.
"Puedo echarlo a la calle". Efectivamente. Pero si es él el que te echa a ti, entonces hablaréis de maltrato de género (o machista, como os gusta llamarlo).
Me sabe mal criticar a una chica tan guapa, ¿es eso machismo? (pregunto, porque últimamente, en opinión de l@s feministas, parece serlo toda expresión por parte de un varón alabando la belleza de una mujer). En cualquier caso, vemos que guapas tontas, como meigas, haberlas haylas. Afortunadamente, también las hay -y muchas- inteligentísimas, demostrando que la equiparación automática es puro prejuicio. La cuestión es que esta chica, que reniega del uso exhibicionistas que mujeres como Nicki Minaj o Kim Kardashian hacen de su cuerpo, intentó abrirse camino como modelo -¡esa profesión tan "aclamada" por sus correligionarias!- sin conseguirlo. Uno, que es muy mal pensado, no puede menos que preguntarse si el hecho de haber fracasado en su intento dectriunfar como "guapa profesional" tendrá algo que ver con su feminismo.
Mi abuelo, que pasó por la vida como hombre persona sabia y juiciosa, decía que si quieres conocer a alguien, solo tienes que dejarle hablar y escuchar. Se delatan solas. No existe el feminismo. Es hembrismo. Puro y duro.
Traigo hoy un artículo interesante
publicado por ABC el 24/08/2015, que viene a echar por tierra una parte
importante del sustrato de la mitología feminista, en concreto el relacionado
con la influencia de la construcción de género en el comportamiento de niños y
adolescentes, así como en la identidad sexual del individuo.
Hay que ir por partes, el tema es
bastante amplio de por sí, y no todo lo defendido por los feminismos es falso o
inexacto. Sólo una gran parte de ello, aunque probablemente está suponga no
menos del 70% de sus teorías al respecto. En concreto, el texto se refiere a la
tan cacareada identidad sexual inducida -cuando no directamente construida-.
"Los niños juegan con balones, armas de plástico, etc y
las niñas con muñecas porque desde pequeños les enseñan que es lo propio
de su sexo".
Falso. Esa teoría desconoce -en
muchos casos, seguramente, de forma consciente- el hecho de que en
el organismo del varón hay una cantidad de testosterona muy
superior a la existente en el de la hembra. Esta hormona, que
determina la mayor (tendencialmente) musculatura, fortaleza
física, etc de los hombres respecto de las mujeres, implica asimismo una
mayor agresividad, y, derivado de ello, una mayor atracción por aquellas
actividades que supongan competir con otros individuos o recreen esta
competencia (deportes, juegos de guerra o combate). Ellas por su parte, cuentan
con su instinto maternal -que existe por más que las feministas renieguen de él
y se tiren de los pelos cuando se lo mentas-, siendo su preferencia por
jugar con muñecas una manifestación de éste.
Pues bien, de eso trata este
artículo sobre el que comento. Un varón es varón desde que nace (incluso
antes), y en su comportamiento como tal no viene determinado por la educación
recibida. Parece posible que ésta pueda influir en alguna medida, pero, desde
luego, no es el factor principal ni el determinante, sino más bien uno muy
secundario.
Este caso en particular no lo
conocía, pero sí otro en la misma línea. Recuerdo que se lo contaba a
profesoras feministas durante la carrera en los cursillos de la asignatura de Prácticum
y se ponían muy nerviosas. Una en particular, portavoz de algún importante
colectivo feminista alicantino a la cual vi después en televisión un día, llegó
a decirme que lo que ellas decían eran teorías científicas
"confirmadas", y lo mío "sólo opiniones". Cuando le
contesté que lo que yo decía también eran teorías científicas y que las suyas
estaban lejos de estar confirmadas (muy al contrario, hace ya bastantes años
que van quedando desfasadas para todos salvo ellas), casi echaba humo. Estoy
convencido de que me miró con auténtico odio.
En fin, os dejo con el artículo.
`
DAVID REYMER, EL «NIÑO COBAYA» AL
QUE CRIARON COMO MUJER HASTA LOS QUINCE AÑOS
»Tras perder el pene a los pocos
meses de vida, un psicólogo convenció a sus padres para que le ocultaran la
verdad
I. Miranda - Madrid24/08/2015
Brenda no supo que había nacido
siendo un varón hasta que
tuvo 15 años. Fue una tarde de 1980 cuando su padre, torturado por el
sufrimiento que veía, le reveló el historia que habían estado manteniendo en
secreto: había nacido en Canadá siendo Bruce, junto a su hermano gemelo Brian,
pero una negligencia médica durante una circuncisión en 1965 había destruido
sus genitales.
En un intento desesperado porque la
vida de su hijo fuera satisfactoria, sus padres se pusieron en contacto con un
psicólogo que aseguraba que la condición sexual no es innata, sino que es
asignada mediante la educación en los primeros años de vida. Es decir, que si
trataban a Bruce como Brenda, este se convertiría en una mujer plena, en vez de
sufrir como un hombre sin pene. Se trataba de John Money, un psicólogo
del hospital Johns Hopkins (Baltimore) famoso por sus teorías sobre el género.
Además, era una oportunidad inigualable para Money de demostrar sus teorías, ya
que tendría un sujeto de control: Brian, con la misma carga genética que su
hermano, pero que tendría una orientación diferente.
El 3 de julio de 1967, los médicos
sometieron a Bruce a una castración quirúrgica (quitándole los testículos) y le
modelaron una vagina. Bruce se convirtió en Brenda a la vez que en un
conejillo de indias. Mientras, las instrucciones para sus padres, Janet y
Ron, fueron claras: no contarle jamás lo que había ocurrido.
Los niños fueron creciendo y la
situación se fue complicando. Según contaría Janet ya en los años 90 al periodista de
la revista «Rolling Stone» John Colapinto, la primera vez que trató
de ponerle un vestido a Brenda intentó arrancárselo. «Recuerdo que pensé:
“¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!”».
Pero no solo fue aquello. Cuando su hermano jugaba a afeitarse con su padre,
Brenda también quería. «Mi padre me dijo: “No, no. Tú vas con tu madre”. Me
puse a llorar, “¿Por qué no puedo afeitarme también?”», contó él mismo. Desde
pequeña incluso insistía en orinar de pie.
Por su parte, su gemelo identificaba
a Brenda como a una hermana. «Pero ella nunca actuó como tal», reconoció al
periodista de «Rolling Stone». «Si le regalaban una comba, para lo único que la
usaba era para atar a la gente o para azotarla como si tuviera un látigo. Nunca
la usó para su propósito real. Jugaba con mis juguetes mientras que los
suyos, como una lavadora, solo los usaba para sentarse».
«Estudio
John/Joan»
Sin embargo, para cuando cinco años
después el doctor Money publicó el primer libro sobre el «estudio John/Joan»
(como lo había bautizado) bajo el título «Man &
Woman, Boy & Girl», las conclusiones que reflejaban eran las
opuestas. Money aseguraba que tras haber enfatizado en el uso de la ropa
femenina, Brenda ya tenía una clara preferencia por los vestidos. Que se
sentía orgullosa de su pelo largo. Que por Navidades había pedido una casa de
muñecas y un carrito de paseo. Que la orientación de género se había impuesto.
Para cuando Brenda llegó a la
adolescencia sufría depresión y se había intentado suicidar al menos una
vez. También tomaba estrógenos. Cuando el doctor Money le instó a que se
sometiera a otra cirugía, se negó rotundamente. Fue entonces cuando sus padres
decidieron contárselo. Fue entonces cuando Brenda pudo volver a ser un chico. Eligió
de nombre «David» en honor al héroe bíblico que, desafiando todas las
probabilidades, mató al gigante Goliat. Se sometió a una faloplastia y se quitó
los pechos que le habían crecido gracias a las hormonas. Para cuando cumplió 23
años, se casó.
Sin embargo, su familia había
quedado destrozada. Su madre Janet cayó en depresiones clínicas repetidas
que requerían hospitalización. Su padre Ron se convirtió en un alcohólico. Su
gemelo Brian abandonó los estudios y trató de suicidarse en varias ocasiones
hasta que lo consiguió en 2002. Dos años después, con 38 años, David hacía lo
mismo tras haberse divorciado años atrás de su mujer.
La historia de David Reimer saltó a
la luz en 1997 gracias al doctor Milton Diamond de la Universidad de
Hawai, quien convenció a David de que contar su caso ayudaría que no le
ocurriera a nadie más. Meses después salía publicado también el artículo de
John Colapinto que en el año 2000 se editaría en un libro titulado «Tal como la
naturaleza lo hizo». La reflexión del doctor Milton Diamond fue: «Si
todos estos esfuerzos médicos, quirúrgicos y sociales combinados no tuvieron
éxito en hacer que este niño aceptara una identidad de género femenina
entonces, tal vez, tengamos que pensar que hay algo importante en la
constitución biológica del individuo»."
Hace algunos días la periodista Mercedes Milá, feminista declarada y confesa, se vio involucrada en una discusión que ha sido trendig topic y ha desatado una comprensible oleada de indignación. La catalana es una de las defensoras en España de La enzima prodigiosa, un superventas sobre alimentación que sostiene que, preservando ciertas enzimas (proteínas) en el organismo, se pueden prevenir enfermedades cardíacas e incluso el cáncer. El bioquímico y nutrólogo José Miguel Mulet rebatió este libro en su blog en 2013, año en el que Milá lo promocionó Gran Hermano. Mulet tuvo la oportunidad de refutarlo frente a la presentadora en Chester in love este 5 de marzo, a lo cual ella respondió recomendándole "que leas el libro y que adelgaces, porque estás gordo", matizando después que el tamaño de su cintura "es peligroso para el corazón".
Está muy bien que matices, Mercedes, pero tú sabes muy bien lo que dijiste y por qué (“perdí el tiempo, me puso nerviosa porque criticó un libro sin argumentos...” Más adelante analizaremos si realmente fue así). El mismo significado hubieras podido transmitir usando otras palabras y adjetivos más afortunados, lo sabes bien, y no es precisamente falta de dominio del discurso y la palabra lo que podría alegar en su defensa una presentadora de televisión profesional con muchos años de experiencia en el directo. Si un hombre hubiera dicho algo así a una mujer, las feministas y todo el coro izquierdista que les dora la píldora le hubierais saltado a la yugular. Los argumentos ya los conocemos, ha ocurrido muchas veces. Habláis de bajeza moral y misoginia, de lo rastrero que resulta rebajarse a atacar a una mujer por su físico…
“Perdí el tiempo, me puso nerviosa porque criticó un libro sin argumentos…”. O sea, que un nutricionista y doctorado bioquímico es alguien que carece de argumentos para opinar sobre un libro que trata sobre nutrición. “Porque no se puede coger el rábano por las hojas, ya que, evidentemente, no hay una enzima prodigiosa…”. Evidentemente. No se puede juzgar un libro por la portada, incluso hay un famoso dicho popular que así sentencia. "Las enzimas prodigiosas no existen", argumentó Mulet. También desmintió algunos mitos de los que se hace eco la obra, como que la leche es mala o que clorar el agua es nocivo. "¿Sabes las vidas que ha salvado la cloración del agua?", te preguntó. ¿Realmente te parecen preguntas de alguien que critica por prejuicio y sin conocer el contenido de tus sagradas escrituras?
Recientemente has vuelto a hacer algunas declaraciones en relación con el tema. “Me han criticado por llamar gordo a un tío que estaba gordo”. Tú eres vieja y fea, Mercedes, y tienes risa de caballo. Nada malo ni criticable en decírtelo pues, ¿no? “Este hombre, este científico -como le gusta que le llamen-…”. Tengo entendido que a ti te gusta que te llamen periodista, ¿no? Una mujer cuyo mayor logro profesional consiste en haber sido presentadora durante casi dos décadas de GH, programa esperpento que está y ha participado en el germen y evolución de la más genuina telebasura.
Os rasgáis (feministas, izquierdistas…) las vestiduras y vomitáis que es machismo y misoginia, lo más bajo y rastrero, despreciar a una MUJER por su aspecto físico. Esa es la palabra clave: "mujer". Si es hombre no pasa nada. Os metisteis hasta hartaros con el aspecto físico de Aznar (su bigote, su flequillo, su pose luciendo abdominales, su melena... incluso una escritora de vuestra secta se atrevió a asegurar que cuando un hombre de su edad se deja el pelo largo, es porque le está poniendo los cuernos su mujer), con la altura de Sarcozy en comparación con la Bruni, con la barriga de Gil y Gil o Berlusconi, el flequillo de Trump... No pasa nada, todo eso está bien, pero cuando se rieron del vestido tribal de Mª Teresa Fernández de la Vega o hablaron de los morritos de la Pajín montasteis el cirio. Como ahora. Esa es la IGUALDAD de las feministas. Pronúnciese HEMBRISTAS.